A las murgas lo que les está faltando es la mímica

En medio del silencio del boliche (o casi en el medio), alguien dijo que para sacar una murga, primero había que ponerle un buen nombre de murga, pero le retrucaron con que primero había que tener la murga para después nombrarla, porque si usté un suponer le pone nombre a una murga, sin tener la murga, corre el peligro de que después, cuando tenga la murga, se encuentre con que el nombre que le había puesto a la murga (antes de tenerla), no le va a la murga que ahora tiene.

Estaban en eso, cuando alguien se asomó, sin un por qué, y vio venir a un noruego.
-Para este lado viene un noruego –informó el asomado al regresar de su breve asomo.
Hubo como un nerviosismo, porque ninguno de los presentes había visto nunca un noruego. Una vez había pasado cerca de El Resorte un barco rompehielo cuyo capitán habría sido noruego, pero en realidad, según opinión de un vecino conocedor de las aguas por posesión de bote con remos fuera de borda, lo que había pasado era un imposible.

-Pa mí, si son imposibles, no pasan.
-Pa que sepa, pasan dos imposibles por cada posible que pasa.
-El noruego se desvió –anunció nuevamente asomado, el mismo que avisara del noruego acercamiento.
A la Duvija se le vino el alma a los pies, porque se había hecho ilusiones de un noruego.
-Lo que diferencia al noruego del sanducero, es la distancia.
-Y el bacalao.

-En aquel rincón, el tema de la murga había hecho carne.
-Lo que hace falta a la murga, es mímica.
No habían terminado de decir eso, cuando miran así, y parado en la puerta había un Director. Batuta, galera y cara blanca. A la Duvija se le cayó un párpado.
-Yo soy El Director –dijo El Director-, y estoy rejuntando gente para dirigir una murga. El que quiera salir que se anote, y el que pase la prueba de garganta sale, y el que no, no sale.
-Yo salgo –dijo Rosadito Verdoso.
-Tiene que cantar Granada tierra ensangrentada en tarde toros- ordenó El Director.
-Esa no me la sé.
-Entonces no sale nada.
-Si no sale el amigo –amenazó el tape Olmedo-, no salimo nadie.
-Entonces no sale nadie y yo tampoco –dijo El Director, y salió.

Después, en medio del silencio de la noche (o casi en el medio), se oyó cantar, a lo lejos, una retirada de murga que no se entendió, porque nadie entendía una palabra en noruego.