No se acodaba en el mostrador por miedo a gastar el codo

Hombre que supo ser machete y avaro pa' la custión de los dineros, Desnudito Presente, hijo del viejo Presente, que era famoso por lo faltador.
Hombre ñato de cara, el viejo, porque le gustaba mantener un perfil bajo, y se lo pateaban.
Y Desnudito Presente salió más agarrado que olor a frito en el pelo.
No era malo, pero tenía eso. Gustaba tener toda su platita en monedas, porque según él, si la moneda se cae al suelo se la oye, no como el billete que es silencioso y volador.

Lo mejor es el lingote de oro, porque el oro en barra es más bien quietón.
Barra que no se está quieta, la de la Amsterdam.
Tan machete, Desnudito Presente, que pa' no tirar la cáscara se comía la sandía como si fuera manzana.
Una vez le preguntaron por qué no la partía primero, y contestó: "¿Pa' qué la viá partir si ya sé lo que tiene adentro?".
Y con el melón, otro tanto.
¿Lo comía entero?
Lo chupaba. Le hacía un agujerito en cada punta y le aspiraba lo de adentro, como si fuera un huevo fresco. Dispués, al melón lo rellenaba con harina de maíz y salía a venderlo lejos. Un día, justo que estaba vendiendo uno, se le cayó al suelo, se le quebró, se le desparramó la harina, y pa' disimular dijo que era por culpa de la polilla que no respeta nada.

Una noche, Desnudito Presente cayó por el boliche El Resorte, y al dentrar saludó con un ademán de sacarse el sombrero, pero ni lo tocó pa' no gastarle el ala. Simuló acodarse al mostrador, sin tocarlo pa' no gastarse el codo, y con una mano hizo como que levantaba un vaso y tomaba. Pa' dar la impresión más verdadera, tomaba a trago corto, y hacía chasquear la lengua, como si paladeara.
Rosadito Verdoso, como bobiando, le reventó un par de higos en la frente que no le dieron tiempo ni a protestar, porque cuando se sacaba las semillas de las pestañas, se oyó la voz del tape Olmedo que comentaba:
Pa' mí, el crestiano que hace chasquear la lengua en seco, o es muy abombau, o es muy agarrau pa'l uso mínimo de los placeres del sagrado mostrador, y ofende.

Alguien más, abusando, dijo que aquel hombre capaz que por ahorrar no sabía lo que era un buen puchero.
Ahí, Desnudito dijo que él era de hacer puchero, pero que prefería el mate.
¿Y acaso no puede hacer puchero y tomar mate?
Las dos cosas a un tiempo no –dijo Desnudito–, porque el puchero, pa' que no sobre, lo hago en la caldera.