UNO DE MIEDO

Atrofiadito Batuta era un hombre incapaz de llevarse nada, hasta el día en que se llevó un susto.
El susto se lo dio una fantasma que andaba por el campo sin otra cosa que hacer que dar sustos.
Atrofiadito solía salir de noche a contar las estrellas pa entretenerse, porque en el pago no había nada divertido salvo la carpintería, donde se quedaba las horas mirando funcionar la garlopa, y cerraba temprano.

Nunca llegó a contar todas las estrellas del cielo porque siempre se distraía mirando caer alguna.
Se atropellaba tratando de pedirle tres cosas antes de que se perdieran en el horizonte, porque en realidá no llegaban a tres las cosas que deseaba mucho.
Y una noche, por seguirle el rumbo a una estrella que caía bajó la cabeza, miró así y de atrás de un zapallo le salió la fantasma.
Tenía plantado unos zapallos que usté los veía de lejos y los confundía con galpones.
Y los melones, similar.
Unos melones, que usté los veía de lejos y los confundía con parvas de pasto seco
Maduros los melones, claro.
La fantasma le salió de atrás del zapallo con un farol colgado del cogote, y Atrofiadito se quedó un fragmento duro como una tabla.

El chucho le corrió por la espalda rumbo a la nuca, y le paró los pelos de punta.
Las piernas se le pusieron chuecas y los dedos de las manos se le cruzaron como con ganas de anudarse.
Pa medio salir del paso y no quedar como un abombado, sacó una voz que le cuadraba mejor a un mediodía y le dijo:
-¿De farol la fantasma? No tenía visto.
Y lo que mas lo asustó, fue que la fantasma le contestara.
Puso el farol atrás de una piedra pa no encandilar, y dijo que andaba de farol porque le había salido una changa de luz mala, y se quejó de que la gente ya no se impresionaba con fantasmas.
Atrofiadito Batuta estuvo a punto de decile que él se había llevado flor de julepe pero ella siguió diciendo:
-La gente nos ha perdido todo respeto, porque ahora hay otras cosas de que asustarse.

Los tiempos han cambiado y ya no impresionamos a naides ni que salgamos sacudiendo la sábana.
Hace un tiempo la gente se achuchaba, se encerraba en los ranchos, pasaba las trancas y no querían saber nada.
Pero hubo mucho abuso.
Atrofiadito le dio unos pesos pa tabaco y yerba, y casi le palmea la espalda pa consolarla, pero se aguantó por miedo a tocarla, no fuera cosa.
La vio dirse hasta que se perdió atrás de una lomita con el farol bamboleando, sin hacer sombra, porque la fantasma no hace. Después Atrofiadito contaba que fue tan grande el susto que le pegó La fantasma que la mujer se lo tuvo que despegar con bencina.