Tristeza de tango por una pepa traidora

A Hipodérmica Hipita le decían "Puré de manzana" porque era dulce pero muy rayada. Una mujer, Hipodérmica, que era loca por las mudanzas.
Todo lo contrario del marido, Artrítico Menudo, que no le gustaba mudarse ni de ropa porque según él un buen hincha de fóbal jamás se cambia de camiseta.Hay gente que le pega el cambiazo como si nada.

Algunos se quedan en el barrio, pero abandonan la calle.
A Hipodérmica le gustaba mudarse por andar en carro, porque pa' ella no había cosa más divertida que viajar sentada en un sofá y saludando a los vecinos, tipo Reina del Carnaval. Y si no había gente pa' saludar se entretenía en mirarse en el espejo del ropero.

Hay mujeres que si les saca el espejo no saben qué hacer con la cara.
Y quien dice mujeres dice masculinos, porque hoy, hasta pa' tirar un centro al arco hay que estar presentable.
Ella en el sofá, saludando, y en el pescante Artrítico con el loro, jefe de ruta el Perico, un lujo pa' marcar el camino y las curvas, porque se conocía el pago como la palma de la pata.

Pa' saber por qué los loros dan la patita, hay que ver Waku Waku y toda su alegría juvenil.
Artrítico gustaba viajar con el loro, porque era especialista en cuentos de loros.
¿Artrítico?
No, el loro.
Un loro que tanto le contaba cuentos como le cantaba el tango "Cotorrita de la suerte", pero nunca lo terminaba porque lo atacaba la emoción y se largaba a llorar a causa de una pepita que conoció, que lo enamoró pero se le fue con un hornero que le prometió casa propia en menos que canta un gallo.

Loro que sale sentimental pa'l tanto, es una disgracia.
Y una vuelta pasaron con mudanza por el boliche El Resorte, y se bajaron todos pa' saludar y tomarse alguna cosita al pie del mostrador, y va el loro y se mama.
Si el loro sale de mala bebida, lo mejor es atarlo con hilo de remontar cometas.
Loro mamau, se le dio por contar cuentos de relajo, que algunos se reían a las carcajadas, pero la Duvija se ponía colorada y se aguantaba. Muy tentada, pero se aguantaba.

Hasta que el loro se puso a cantar "Mano a mano", y cuando llegó a la parte que dice "como juega el gato maula con el mísero ratón", el barcino, tocado, se le acercó y le ha pegado un bufido al loro, que se le fue el pedo y nunca más pisó el boliche.