- Se ve cada cosa, le garanto!
Una noche, en el boliche El Resorte, estaban la Duvija, Aperitivo Piedra, el tape, seguramente Leme, el pardo y el viejo Sosa, tomando unos vinos.
El pardo Santiago se entretenía limpiando una guampa, el tape Olmedo le hacía punta a un palito como es costumbre, y los otros nada. Fiera la noche.
Por ahí, va y cae Seminario Cartucho bastante mamau, pide un vino y se sienta en una bolsa de muñatos.
Ni él se acordaba que era viernes.
Como pa' las once de la noche, un golpe de viento abrió la ventana y apagó el farol.

Cuando lo prendieron de nuevo, en la bolsa de muñatos estaba sentado un forastero.
De Seminario Cartucho, ni rastros.
Cuando vieron al estraño fue el desparramo, y en el mostrador había dos gatos.
Un julepe todos que el pardo tiró la guampa, el tape el palito, otro se volcó el vino, otro se lo tomó y el viejo Sosa dijo:
- No se asustenm que hoy es viernes, y clavau que ése es Seminario Convertido!
Mamau y todo, lindo aspeto de persona tenía el hombre.
La Duvija se le aprosimó, entre asustada y salamera, va y le pregunta:
- Uste disculpe, forastero, pero por un ridepente; uste no será Seminario Cartucho?...no?

- No señora. No conozco. Yo soy Liberindo Apero, el menor de los Apero, que semo siete hermano, no sdé si conoce.
- Todos varones? - prieguntó de un grito el viejo Sosa.
- Todos, si señor.
Faltaba poco pa' las doce.
Recularon pa' un rincón y el forastero meta vino.
A las doce clavadas, el hombre cayó como dormido pa' atrás de las bolsas.
Naides se animaba a dir a ver, pero en una cruza un ratón y los gatos salen a perseguir y uno vuelve y se le sube a la falda a la Duvuja, buscando mimos.
A ella se le antojó que tenía olor a vino, pero no dijo nada y dentró a acariciarlo.

Como naides se quería ir sin saber, siguieron tomandovino sin decir palabra.
Pa' la madrugada, era el tendal de gente durmiendo.
Recien cuando clariaba, un galope de caballo despertó a la Duvija sin gato en la falda.
Salió a la puerta y vio al hombre que se alejaba.
- Vuelva forastero! - le gritó.
El junete, sin aflojar el galope, se dio guelta pa' saludar con el sombrero.
Era Seminario Cartucho.
Ella, tristona, se quitó de la falda unos pelos de gato y entró al boliche.
Desde el mostrador, el barcino la miró como si nada y se tendió a dormir a pata suelta.
Algunos pajaros ya andaban alborotando la mañana.