El miedo paraliza los nervios de la razón
Hombre que supo ser asunto serio pa meterle miedo a la gente, un tal Agorero Vetusto, que solía andar con una bolsa llena de miedos y de noche pasaba por los ranchos y les tiraba puñados.
Un hombre, Agorero Vetusto, que pa imitar a la lechuza era cosa superior. En cuantito se paraba en un poste, como posado, se le ponían las vistas amarillas, el cogote le agarraba un juego giratorio, y le daba por chistar.

Tenía una bolsa llena de chistido de lechuzas, y cuando se cansaba del poste se los metía a los vecinos por debajo de las puertas, y les golpeaba.
Que no hay cosa pior que levantarse medio dormido pa salir, y pisar un chistido de lechuza.
Y descalzo, ni le cuento.

Un hombre, Agorero Vetusto, que tanto le imitaba la luz mala como le inventaba la fantasma.
Al menor descuido, usté se podía encontrar con la fantasma abajo del catre.
Que no hay cosa pior que agacharse a buscar las alpargatas, meter la mano y palpar la fantasma.
Y como le digo fantasma, le digo luz mala, porque Agorero Vetusto era especial pa fabricar miedos.

Y una vuelta cayó por el boliche El Resorte, con un miedo escondido abajo del poncho.
Cuando dentró, algunos fruncieron las narices, porque muchas veces el miedo se olfatea, y va Agorero Vetusto, y en un rincón, va y se abre el poncho así, y el miedo quedó allí nomás, agazapado.

Al poco momento, algunos parroquianos del boliche se dentraron a poner nerviosos, como inseguros.
Ahí, el miedo se fue moviendo, y de tanto en tanto salpicaba adentro de los vasos, se mezclaba en la mermelada y se abrazaba contra la mortadela que colgaba del techo, pa impregnarla y trabajar con el contagio.
Cualquier abombau sabe, que el miedo ataca los nervios de la razón, y la persona queda como atrofiada, incapaz de un entendimiento pa distinguir.
Diga que el tape Olmedo, conocedor, baqueano en julepes de todo pelaje, se abajó un trago de vino, y fue y le dijo al fabricante de miedos.

- Vea don Agorero Vetusto –le dijo-, y yo sé que en la vida uno se defiende como puede pero pa mí –le dijo., en lugar de andar desparramando miedos sería mejor que plantara boñatos, porque si usté siembra miedos, lo más probable es que coseche algún cagazo.
No era costumbre que el tape Olmedo cortara tan grueso, pero, en semejante caso, hasta la Duvija comentó:
- ¡Así se habla, qué tanto joder!
Y abrieron puertas y ventanas, pa ventilar.