La sordera del perro

Batifondo Remilgo supo tener un perro que se quedó sordo al ver a un sapo fumando y que le hacía guiñadas y le movía la cola.
- Perdón, pero el sapo no tiene cola.

Por eso fue que el perro se impresionó tanto. Que según un forastero que andaba por El Resorte, el batracio croa porque es natural de Croacia, cosa que lo diferencia de la gallina que cuando hace caca se dice que cacarea. Cuando Batifondo llevó el perro al boliche, le dijeron que mejor hubiera llevado al sapo, que el sapo sirve pa jugar al sapo y es mucho más divertido que jugar al perro, y mucho peor si el perro es sordo, porque usté le explica cómo es el juego y el otro como quien no oye llover. Batifondo Remilgo contó todito lo que le pasaba con el perro, y dijo que así no era vida porque no tenía con quien conversar, y que cuando un hombre carece de un perro que lo escuche corre peligro de ir y casarse. Y que muchas veces el hombre se casa y después igualmente tiene que conseguir perro porque la mujer no lo comprende, y el perro tampoco pero no discute.

Se comentaba el caso, y va el tape Olmedo y lo quiso probar la sordera del perro que estaba distraído mirando pa fuera, y le hizo sonar los dedos como hacen los andaluces cuando bailan, que con el chasquido no hay perro que no se de vuelta pa mirar. Y el perro ni mosqueo. Pa probarlo de nuevo, el tape le chistó.
- Chicho, chicho -le dijo-, chicho, chiiichooo, perro abombau -le agregó medio calentito de verlo tan desatento. Rosadito Verdoso estuvo a punto de reventarle un par de higos por el lomo, pero la Duvija lo miró con ojos de San Francisco de Asís, y se aguantó. El tema se discutió media damajuana de tinto, y quien más quien menos opinó lo suyo. Azulejo Verdoso, el inventor, dijo que pa él lo mejor pa la sordera era sopletear. El pardo Santiago dijo que pa él, clavau que se había dormido de costado y que en un descuido el dueño le había tirado la yerba del mate en una oreja y se la tenía tupida, y que lo mejor era sacudirlo golpiando suave contra un poste. La Duvija opinó que capaz que no era sordo, y que capaz que se hacía pa no tener que dir a buscar cosas ni salir a ladrar por cualquier ruidito de morondanga Pero el tape Olmedo dio la solución cuando dijo, dice: - Si quedó sordo de un susto, lo mejor es darle otro.

Ahí Rosadito Verdoso agarró al gato que estaba dormido y se lo tiró al perro por la cabeza. Se llevaron un susto los dos, que después el perro escuchaba todo clarito, y el barcino se pasó una temporada sordo, como si fuera de yeso.