Lágrima

Una lágrima rodó como una breve y húmeda tristeza.
Afuera del boliche hacía frío, pero adentro también.
Alguien, en una mesa de aquel rincón, comentó:
El frío debiera venir en el verano, que es cuando se necesita, y no en invierno que maldita la falta que hace.

Dicen que en Europa es así, que por ejemplo tiene campiña francesa, donde les brota el champán, no va a comparar con nosotros que a gatitas si tenemos unos terrenitos que no dan más que choclos, vacas, alfalfa y trigo.

Y gauchos. Especie en estinción.
Pa' mí, el gaucho es inmortal como la garrapata y la hormiga.
Dicen que la cucaracha y el alacrán le toleran hasta la radiación atómica.
Cosa que el hombre no.
El hombre es una desgracia.
Y si está solito es pior.
Hubo un silencio.

Una lágrima sin dueño rodó por el mostrador hasta detenerse en una mancha de vino. La Duvija la vio, pero no hizo nada por detenerla.
La lágrima se tiñó de viejo vino hasta el violeta pálido, pero pronto la mancha la chupó y fueron una sola cosa, una más de las antiguas formas del olvido. La Duvija apenas si murmuró. "Lágrima que no has de beber, déjala correr".

¿De dónde saldrá la sal que sala la lágrima salitrada?
–preguntó un muchachón ignorante por falta de conocimientos e inquietudes elementales para su joven edad.
El frío congela el pensamiento y lo convierte en un higo criado a frigorífico –comentó Rosadito Verdoso desganado, ganado por el desgano, esa forma de la pereza improductiva.
El frío es bravo cuando uno está solito –retomó el de hoy mientras se restregaba las manos como si ambas en la otra buscaran consuelo.
Sobre una rubia capa de aserrín, en el suelo, junto al brasero, el barcino dormía hecho un ovillo.

El tape Olmedo, en silencio, pensaba que hay días en que uno debiera cambiar de boliche.