Un jabón de regalo de casamiento

Hombre que supo ser flojo de las manos, un tal Bibliorato Yesca, el casau con Quelástima Genuina, que se conocieron cuando ella le pateó el tacho del engrudo en una pegatina pa las elecciones, que Bibliorato era famoso porque donde ponía el ojo ponía la brocha, pero mal, porque era flojo de manos y la brocha se le patinaba.

Un hombre, Bibliorato, que jamás pudo terminar un vaso de vino, porque al segundo trago el vidrio se le escurría entre los dedos y le quedaba el charquito en el suelo.
-A vos, lo único que falta que se te caigan de las manos, son los dedos –le solía decir la mujer, y por las dudas, de tanto en tanto se los contaba.
Un hombre, Bibliorato, que pa ordeñar era una disgracia, y si la vaca no ponía voluntá en la ubre, no había leche en las casas.
Un hombre, Bibliorato, que una vuelta salió al patio pa lavarse las manos en la palangana, y cuando quiso agarrar el jabón, que era un regalo fino de casamiento y con poco uso, lo aprieta así, de mano mojada, y va el jabón y se le patina de entre los dedos y fue a parar como a diez metros.

Va Bibliorato por el segundo intento, se agacha, calcula bien la distancia pa agarrarlo como si fuera un pajarito, y al querer asegurarlo de un apretón, el jabón se le escapa y va a jeder cerca del chiquero de los chanchos. Nunca se supo bien cuántas veces lo quiso agarrar, pero se sabe que fueron tantas como veces se le patinó, hasta que en una el jabón resbaló por arriba de los pastos húmedos, y haciendo sapitos dentró al boliche El Resorte.
Al barcino se le despertó el antiguo instinto selvático y felino, y de un salto abandonó la segura comodidá del mostrador para ver de atrapar aquello.
Pegó una patinada aquel gato, que dio varios giros arriba del jabón hasta que pudo armar el salto y treparse a las bolsas de afrechillo, de lomo hinchado, y justo ahí, el tape Olmedo lo calza con el talón, al jabón, rebota contra el mostrador, y en un quiero y no quiero embocó la puerta y salió como a pasear.

Rosadito Verdoso ya tenía preparado un par de higos pa reventarle a lo que fuera, cuando llegó Bibliorato preguntando si no habían visto pasar un jabón.
-¿Jabón de qué tipo dice usté?
-Del jabonoso, medio alargadito él, importado.
-Importado es todo.
No hubo manera de encontrarlo, porque la Duvija, encantada con su blancura, lo tenía junto al queso duro, nada más que por aparentar manteca, santita.