El herrero y el diablo

Hombre que supo ser una disgracia pa' las mujeres , un tal Pirarajá Bolero, que supo estar casau con Pretérita Imperfecta Lilí, mujer mas extraña que chiquero de chanchos con felpudo.
Querendona ella, sensible a los piropos al pasar, hasta que una vuelta pasó por el pago un tal Alucinado Trino y se la llevó enancada en su flete.
Se la llevó a la mujer y a una yunta de gallinas que tenía Pirarajá Bolero.

Era todo lo que tenía el hombre y se lo llevó el forastero desalmado y ventajero: una yunta e gallinas, y la mujer.
Apenas si le quedó el caballo y un perro.
Perro afónico, taba incapacitado pa' ladrarle al forastero, así que Pirarajá Bolero, se dió cuenta cuando el otro ya iba medio lejos con la mujer y las gallinas, ella a las risas y las gallinas a los cacareos.

Pirarajá Bolero no era hombre de quedarse en los lamentos y en el llanto, y menos de quedarse cruzado de brazos viendo como el muy bandido se llevaba a la china y las aves de corral, así que salió a perseguir.
Montó de un salto en su flete, un alazán tostado tirando a gateado, medio mala cara y con algo de oscuro tapau, manos blancas, bonito el bayo, y allá salió de galope tendido como ropa en el alambre.
Diba con el poncho flameando como bandera en el viento, cuando a las dos leguas nota que el caballo se queda en la carrera.
Se le venían aflojando las herraduras, que al poco rato aquel flete parecía un sonajero.
Ahí se acordó que por esos rumbos andaba un tal Puritano Fermento, de profesión herrero, hombre muy capacitado para colocar herraduras.

Trabajaba tan bien aquel hombre, que les cambiaba las herraduras, y los caballos quedaban mirando pa' abajo, como gurí con zapatos nuevos.
Ademas, era un hombre de andar con sus herramientas pa' todos lados.
Pirarajá Bolero diba meta lonja y rodaja, pero el flete le diba perdiendo las herraduras y el otro le aumentaba la ventaja con la mujer enancada.
Pirarajá ya diba desesperado, cuando al pasar por la puerta del boliche El Resorte, me lo ve a Puritano Fermento con todas las herramientas y sin un quehacer.

Sin parar, por que no era hombre de parar cuando diba persiguiendo, desde lejos le pegó el grito al herrero:
- Las cuatro don Puritano, las cuatro, hay que cambiarle las cuatro...!
Ahí Puritano manotió las herramientas, y le pegó el grito a Pirarajá:
-ˇNo me le aflueje cuñau, no me le aflueje, métale lonja nomás que ya estoy con usté !
Tiró las chancletas, y en patas nomás se le apareó al caballito y meta gritos mientras chamuscaba los pastos con los talones:
-Métale, métale, siga en lo suyo que yo me arreglo.

A la media legua le había cambiado las cuatro herraduras con el caballo a pleno galope.
El flete se sintió renovado, livianito, sereno porque ya no tenía que soportar el cascabeleo de las herraduras flojas, y salió como chijete atrás del hombre que se diba con la mujer enancada, hasta que tirando terrones con las patas se lo vió perderse atrás de unas lomitas. Como a la hora Pirarajá Bolero volvió al trotecito, contento de haber dado alcance al muy diablo, luciendo la yunta de gallinas, batarazas, buenas ponedoras.