TERRONAZO VERSUS APERIÁ

A la memoria de Jorge Lazaroff, que gustó ponerle música.

- Hombre que supo jugar al fóbol aura que dice, el rengo Sotelo Cartucho.
Se enrengueció de chico, porque el padre le decía siempre que no arrastrara las patas pa' caminar, ya la madre, que era media sargenta, pa' darle la contra al viejo le decía que arrastrara lo que quisiera.
Entonce, pa' hacerle el gusto a los dos y que no anduvieran discutiendo, el muchacho arrastraba una sí y otra no.
Se le gastó la zurda.

Una guelta llegaron al boliche El Resorte unos forasteros del Atlético Aperiá, pa'un desafío al Terronazo Fóbal Clu. Lo mejor que tenía el Terronazo era el pardo Santiago.
Patiaba como cable pelau.
Golero que le metía las manos, las sacba chamuscadas.

Sin embargo ahí tiene: el tape Olmedo, mamau, cada vez que patiaba abría un surco con el dedo y le pelaba la canilla al contrario.
Cuando jugaba de golero había que pincharlo de afuera con una picana, pa' que no se quedara dormido contra un poste.
Lindo cuadro pa' hacer dulce !
El partido entre Terronazo y Aperiá se arregló por una olla podrida con matambre y todo.

Pa'l clásico llegó un bruto genterío de gente de otros pagos.
Era obligatorio andar armado, porque según el comesario, la gente de cuchillo discute menos.
Como el partido era bravo, el Terronazo contrató por un litro e' vino al rengo Sotelo.
Le gustaba ser rengo en serio, así que usaba muleta.
Le había agarrau la mano, que era una luz el tal Sotelo.

Dentraba al área gritando:
- Ave María Purísima !
Y no había quien lo parara
Parido muy peliau, estaba por terminar cero a cero, cuando la agarró el pardo Santiago y se la dió a Sotelo.
El rengo salió pa'l arco a los gritos y los contrarios se apelotonaron pa' esperarlo.
Se armó una !
Levantaron una polvadera que no se sabía quien era cuál.
Tanto el golero que salía dos por tes a respirar un poco y volvía a clavarse en el tierrerío.

Fue cvuando se escuchó la voz del rengo Sotelo que gritaba:
Penal !
Penal, sotretas y no me discutan!
Penal !
Cuando se abajó la polvadera, estaba Sotelo a los gritos y con la multea quebrada en dos.
Lo habían barrido y no era cuento.
Lo tiró el pardo Santiago.
El golero no la vio, pero sintió un calor, al pasarle la pelota al lado, que se tuvo que sacar la camiseta.