Caso de fuerza mayor

- Hombre descontrolau pa'l uso de la fuerza, aura que dice, el Anódrico Curtiembre.
En verano se la pasaba edificando.
Cada vez que mataba un mosquito contra la paré, tiraba el rancho abajo.
Muy desmedido aquel crestiano !
Con los caballos ?
Como quien dice no ganaba pa' caballos.
Pa' ensillar le dascargaba la montura en el lomo y el matungo se clavaba en la tierra.
Asuento bravo era cuando le apretaba la cincha.
Se le escurría medio caballo pa' cada lado, y en el centro una nadita.
El último que tuvo, animalito e' Dios, se salvó porque le llegó a gritarle:
- Aflojá, bagual !
Que de no, allí se queda en un bufido.

No había gato que le durara.
Cada vez que acariciaba uno, le quedaba un felpudo.
Si salía al campo a la hora del ordeñe, las vacasdisparaban de miedo a que les echara mano.
Una guelta, en el boliche El Resorte, taban el pardo Santiago, la Duvija, Escrutiño Menos, el tape Olmedo, Solito Peralto y Soliviantado Tufito, cuando llegó Anódrico Curtiembre.
Pa' pedir una caña, golpió con la mano el mostrador.
Hubo que despegar el gato del techo, y con lo que quedó del mostrador esa noche se hizo fuego pa' un asadito.
Apretaba tan fuerte que cada cigarro que armaba le consumía un paquete e' tabaco. Y armaba fino.

La Duvija era verlo y emocionarse.
Anódrico se dio cuenta que la moza se ponía nerviosa y una guelta le arrastró un ala. Dejó bruta zanja.
Fue en El Resorte que por un mediodía Solito Peralto le habló.
- Uste, don Anacrónico, - le dijo - es un crestiano muy desmedido, y va a tener que controlarse un tanto.
DebeDebe ser una desgracia triste - le dijo Solito Peralto - que no se pueda bailar en las fiestas porque, al rato nomás, hay que enyesarle la compañera.
Ni pa'l trabajo sirve - le dijo Solito Peralto -, porque empuja el arau y le rompe las patas a los gueyes.
Usté - le dijo -, y desculpe, tiene que ser mas ordenau pa'l uso e' la fuerza, y si estoy equivocado me dice.

- Se le agradece don Solito. Lo que usté dice siempre es pa' bien, y le promete que desde ahora en adelante me voy a corregir.
Agarró el vaso de caña, se la quedó mirando, la tomó despacito, dejó el vaso arriba de un cajón, con cuidado, se dió vuelta sin brusquedá ni apuro, miró a Solito Peralto y le repitió:
- se lo prometo don Solito !
Emocionadole palmeó la espalda.
Esa noche en el velorio e'Solito Peralto, dijeron que don Anacrónico se había ido del pago muy avergonzado y sin saludar pa' evitarles mayores desgracias.