Si las mujeres lo miraban fijo, adelgazaba.

Hombre que supo ser asunto serio, un tal Placentero Dolido.
-¿Asunto serio, pa qué?
-Espere que le cuento.
Placentero supo estar de novio con Motoneta Menguante, hija del viejo Menguante, que cada vez que se levantaba de la siesta se alunaba, y ella, la nena, con el cuento de las influencias del apellido, dos por tres entraba en algún cuarto.
-¿Y de Placentero, qué?
-A eso iba. Placentero salió flaco de físico y bobo de enamorado.
Cuando no lo dejaba colgado una mujer, por bobo, lo dejaba colgado el viento, por flaco. Un hombre, Placentero, que si una mujer lo miraba medio fijo, se atacaba de los nervios y se le aflojaban las uñas, le chicotiaban las rodillas y quedaba medio sordo de los oídos.

-Sordo de la nariz no conozco.
-Por eso le digo. Y una noche va Placentero y estaba en un baile, en el Clú de Bocha y Cultural Arrimale con Cariño, cuando cayó la gente del boliche El Resorte, mamáus por unanimidá, que el más fresco era el barcino y llegó bailando el malambo.
-¿El gato?
-No, el malambo.
-Me pareció que dijo el gato.
-Gato, bailando malambo.
-¿Y malambo, baila gato?
-El malambo, es un baile.
-¿Y el gato?

-Un felino.

Y resulta que Placentero había llegado temprano, pa no encontrarse de sopetón con las mujeres, porque se impresionaba, y al impresionarse adelgazaba y la ropa le bailaba.
-Si uno va a un baile, hasta la ropa le baila.
-Estaba en un rincón, armando un tabaquito sin apuro, cosa de mirar pa abajo y no comprometer las vistas, cuando se oyó ruido de carro tirado por caballo con gato arriba.
-Arriba del caballo.
-Arriba del carro, en los brazos de la Duvija el gato, en compañía del elenco oficial del Resorte, y un forastero como actor invitado. La Duvija cayó vestida de pollera campanuda que le arrastraba y le sobraba por todos lados, como puchero en fuente chica.
-El que se desborda es el repollo.
-Satamente.

Y la Duvija se había echado un perfume, que en cuantito entró al baile se desmayaron tres viejitos criollos pero sensibles y hubo que abrir las ventanas.
Pa la madrugada, el tape Olmedo la sacó a bailar, y aquella pollera se desplegó, y en las vueltas llegó a levantar tanto viento, que justo a Placentero lo agarró mal parado y allá salió el pobrecito volando por una ventana.
Hubo gente que le retiró el saludo porque ésa no eran maneras de retirarse.
Después, el tape Olmedo comentaba:
-La verdá que era tan flaco, que nunca hubo mucho pa saludar.