Festejo a la palangana

tomate Hombre que supo ser asunto pa la custión de los festejos, un tal Curtidito Curtiembre, el casáu con Lamentable Fondaje, hija del viejo Fondaje, que el viejo hizo una fiesta porque la hija cumplía veintidós años de novia con Curtidito, que según el viejo uya era hora de formalizar porque pa pior, el otro venía jueves y domingo de visita y le gastaba la yerba y le fumaba el tabaco.

Hombre sin apuro pa nada, Curtidito, y menos pa casarse porque según él, cuanto más se demora el casamiento más se demora la separación. Y el viejo hizo fiesta, con la esperanza de que el novio se mamara y fijara fecha al pie de la palangana. Palangana con grapa, le puso, y le regaló cucharón pa que se sirviera a destajo. Un lujo de fiesta, con orquesta de cuerpo presente, que los músicos tocaban acordeona, peine con hojilla y cuchara sopera, que bien tocada suena como una mezcla de castañuela andaluza, redoblante murguero y galope de caballo bayo en calle adoquinada. Un instrumento noble, la cuchara, porque tanto le rinde pa tocar un pasodoble como pa servirse un poco de natilla a la pasada.

Cosa bonita era el bufete pa comer, porque el viejo en lugar de sidra servía buseca. En copa de sidra, pero buseca. Pa los invitados, el viejo había puesto un bebedero en la puerta, que tanto servía pa tomar un trago como pa refrescarse las patas si apretaba el calor. Del boliche El Resorte cayeron todos los que eran más de dos que no estaban pero igual fueron. Cada uno con su botella de vino tinto, pa evitar los abusos que suelen darse cuando se toma en damajuana y por el pico. La verdá que la gente del boliche animó la fiesta, porque Rosadito Verdoso en lugar de higos llevó bolsa de tomates. Maduritos los tomates. No había más que hacerles un agujero con el dedo, introducirles cuatro cuetes brasileros con las mechas trenzadas, prenderlos y tirarlos en medio del baile. Divertido, barato y colorido.

Tanto rubias como morochas emparejaron el pelaje, y con la lluvia de tomate eran todas pelirrojas. Que la Duvija, con unos vinitos demás se paró en una mesa y cantaba: "¡A bailar la salsa, mi negro, a bailar la salsa, venga tomate, mi negro, y siga la salsa...!"
Pa la madrugada , el tape Olmedo, mamau por unanimidá, mandó parar la música y dijo:
-Señores, llegó la hora de elegir a la Reina del Tomate, y aquí tenemos a la ganadora y un aplauso pa la Duvija.

Un gauchito protestó porque pa él, la reina tenía que ser la hija del dueño de casa.
El viejo lo escuchó y no lo dejó ni picar. Sin más vueltas lo hizo fijar fecha, mientras Curtidito, feliz, le daba al cucharón al pie de la palangana.