Hay que seguir teniendo un criterio, una moral... y una conducta.

En el boliche El Resorte había una reunión de las muchas que se armaron ese día pa cambiar ideas electorales, cuando cayó un mamau que se puso a contar que un tal Femenino Matute, y Masculino Garrón, se habían conocido en la fiesta que dio el viejo Botarate Batita.
-Pa mí -dijo el tape Olmedo- pa mí la cosa está dividida entre los que tenemos esperanzas y los que tienen miedo.

Rosadito Verdoso comía unos higos, y pensaba en lo lindo que sería que las higueras crecieran por todos lados y que Arana repartiera escaleras pa trepar, o cañas pa descolgar los higos en la temporada.
El mamau, siguió diciendo que en la fiesta de Botarate habían servido un clericó tan bravo pa provocar la locura insalubre, que algunos blancos gritaban "viva Batlle", pero que al ratito les venían como unas arcadas, como de asco, que viene a ser el arrepentimiento estomacal.
-La esperanza -apuntó la Duvija mientras acariciaba al barcino- es una cosa que viene con la bondad del alma, y si se descuida es más bonita que el entusiasmo, es más serenita.

El mamau siguió contando que en aquella fiesta, un invitado se puso a cantar la retirada de la murga "Los Asaltantes con Patente", que según algunos la dirigía Pepino y según otros la dirigía Lacalle antes de hacerse colorado.
-Pa mí -dijo el tape Olmedo- lo que hay que mantener es un criterio, una moral y una conducta.
Porque no hay cosa pior que dentrar a parecerse al contrario.
-Lo que tiene de bueno la esperanza -dijo la Duvija con el barcino que se le refregaba contra un tobillo-, es que si uno la alimenta se pone cada día más linda, y no se pierde nunca.
-Lo que se pierde fácil es el paraguas.
-No sea pavo y respete.
-En verano los paraguas se pierden menos porque salen poco.

-Si usté, un suponer -agregó el tape Olmedo- por culpa del miedo que le siembran frente al rancho, descuida la esperanza, se queda sin los sueños, y un hombre sin sueños es pior que todo lo pior.
La reunión iba pa largo, porque el que más el que menos tenía su pensamiento brotado y florecido.
Pa la madrugada, la Duvija salió a mirar el amanecer.
Serenamente, casi sin asombro, pudo ver que el horizonte se estaba acercando.