El hombre es el hombre

Tertuliano Lengüeta era un hombre loco por los pájaros. Un conocimiento sobre aves emplumadas, que era una temeridad.

Cazador de pájaros a mano, porque según él decía, si los cazaba con trampero o pega pega, el animalito después quedaba como humillado y se incapacitaba para el canto con redoble de trino. Es como el caballo -decía-, que si usté lo maltrata para domarlo se resiente y le sale mañero y lleno de caprichos, y capaz que un día lo necesita para una urgencia o para llevarse a una mujer enancada porque se la robó a un gaucho malo en un baile bueno, y va y se le para de manos o se pone a caracolear sin un criterio, por venganza, porque tienen eso también.

Tenía una delicadeza para el trato con los pájaros, que un suponer si le pasaba volando cerca una viudita, se sacaba el sombrero y le acompañaba el sentimineto. A los cardenales, aprovechaba para cazarlos cuando sonaba la campana de la iglesia. A las cotorras las cazaba a conversación. Para cazar una cigüeña se pasó cuatro días en un bañado, parado en una sola pata, imitando a la especie. Que al segundo día lo vio un vecino que pasaba con un carro cargado de leña y al verlo de pata arrollada le pegó el grito.
- ¿Calambre, vecino?.
- No, cigüeña - contestó el otro y simuló picotear una lombriz.

Cuando eligió mujer para casarse le dijo que en su rancho tendría que haber mate caliente, puchero gordo y pájaros a bocha. Ella le dijo que bueno, que pa eso el hombre es el hombre. El fue hasta el monte, cortó árboles que no tuvieran nido, y se hizo un rancho con piso de madera. Piso de sacar tirando, como de jaula.
- Usté - le dijo a la mujer -, lava el piso, tira de la argolla, lo saca pa fuera y se le seca en dos patadas.
La mujer dijo que bueno, que pa eso el hombre es el hombre, y llamó a las vecinas pa mostrarles.

Una tarde Tertuliano la miró mal a la mujer porque le había cebado un mate frío, y se acostó a dormir la siesta.
Ella, ofendida porque esas no son maneras de mirarla a una, tiró del piso pa fuera con catre y todo y lo dejó estrellado contra una paré. No dijo nada, Tertuliano, pero durante un tiempito la mujer le hablaba y él le contestaba con un chispeo como de misto.
Y otra vez, ella le pidió que le hiciera un horno de barro pal pan casero, y él le hizo un nido de hornero. Grande como horno, pero nido con recoveco imposible de meterle asadera ni rosca de chicharrón. Ella dijo que bueno, que pa eso el hombre es el hombre, y se le fue con un alambrador que pasó por la zona.

Después en el boliche Tertuliano comentaba.
- La hembrita no canta pero vuela, eso es lo que tiene.