ELECCIONES EN CARRO

Hombre que supo tener problemas con las elecciones, aura que dice, fue el Vericueto Sorna.
Un hombre que si se pasaban el día entero sin agarrarlo pa' el churrete, andaba como entrompado con la gente.
Estrañaba. En el Boliche el resorte, Soporífero canuto solía decirle:
- usté, don vericueto, lo que tiene es que est mal acostumbrado, como mimoso, y disculpe, porque la gente hay días que no tuiene ganas de agarrarlo pa' la chacota y no es cuestión de andar alunado, porque un día mal que bien, lo puede pasar.

Cuando las otras elecciones, pidió la bolada pa; tirar los cuetes en la plaza principal.
Bravas elecciones! Fue en las que el Negro Bueno supo hacer una ponchada de pesos arrimando al gauchaje a votar. Los cargaba en el carro de los zapallos.
Amontonaba una tremendidá de genterío. El caballo (un matungo tan flaco que hacía más ruido con los guesos que con las patas) dos por tres daba vuelta el cogote y lo miraba a Bueno como diciendo:
- Pero me querés reventar, pedazo e' bagual!
En un repecho se le corrió la carga y perdió a varios. A los otros tuvo que atarlos con unas piolas. Anacrónico Pi protestó por las ataduras en nombre de la libertá de movimiento y en defensa del derecho humano a bajarse en cualquier momento y en cualquier boliche.

Pa' darle un descanso al matungo, se abajaron y se armó una de vino y taba que era un lujo. Hasta que uno tiró lataba y el viejo Sosa la barajó en el aire, salió a la disparada pa' las casas y se hizo flor de caldo. Andaba bastante mal sopeado aquel hombre.

Bueno dijo que mejor así, porque ya se estaba haciendo un poco tarde, cargaron las damajuanas de vino, treparon todos al carro y siguieron tranco y tranco. El matungo bufaba, hasta que llegaron a una lomita y vino la bajada. El animalito fue ver la bajada y empezar a las risas de contento. Era caballo serio, pero en las bajadas tenía eso.

En un derepente (como si lo estuviera viendo)va y al carro se le rompe la martinica. Sin freno, el carro agarró un embalaje que era una tremendidá y el matungo no lopodía aguantar, así que siguió la carrera.
Bueno no se amilanó y, pa' cumplir, dentró a tirar votantes a la pasada, cada cual en su circuito. Que a un viejo lo tiraron cuatro veces en mesa equivocada y cuando fue a votar, hecho una lástima el pobre, risulta que se había olvidau de la credencial. Que el atuario lo vió y le dijo:
- a usté, pa' lo que queda, ni la pena le vale votar.
Y pa' que no protestara, le dijeron que pasara a votar el domingo siguiente. El hombre se fue más tranquilo.