Durmiente

El que supo ser loco por el mate fue un tal Desmesuro Zoquete, que pasó por el boliche El Resorte con un cargamento de toallas.
... y para donde llevaba tanta toalla ?
Para una zona donde había mucho bañados.

Hombre muy vendedor pero también muy comprador, era de comprar lo que juera. Un día sin dir mas lejos compró un durmiente de ferrocarril, le dijeron que era de quebracho y compró.
Lo vió y pensó pa' él, si aguanta ferrocarril, aguanta cualquier cosa.
Y fué y compró, porque una cosa que aguanta mesejante cosa, pensó pa' él, debe ser buena cosa, dijo él, pa' mejor se la vendieron lustrada, que el quebracho no será como el bronce pero si Ud. lo lustra bien lustradito con aceite de nuez, con una franela seca y amarilla, le queda con un relumbrón que cualquier hombre sensibla va y compra.
Lo que no se entiende era pa' que lo quería.
Pa' tener.

Pa' tener por cualquier cosa.
Según él si un día le cae un vecino y le pide prestado, uno va le pasa un trapito y le presta, y el hombre queda encantado.
Hoy o mañana le pide prestado al otro el rastrillo o la mujer, cosas así manuables, y el otro no se lo puede negar, por eso compró.
La cosa era llevarlo pa' las casas. Porque no era cosa de poner abajo el brazo como si fuera revista y marchar lo mas campante. Ahí fue que le vendieron una yunta de gueyes, los puso a tirar del durmiente, se subió al quebracho y allí marchó pa' las casas.

El primero en verlo venir desde el boliche El Resorte fue el tapia Olmedo por una rendija, el tapia solía decir que tenía que ver por una rendija pa' no ver todo de golpe, porque siempre es mucho pa' un hombre tomando vino, as[i que miraba por la rendija, vió venir y comentó.
Aquel que viene en patineta es Desmesuro Zoquete, primera vez que veo patineta tirada por yunta e' bueyes, ahí salieron todos pa' ver.
La Duvija cometó que era un papeló, semejante hombre jugando con patineta y sin hacer ninguna pirueta pa' entretener a los mirones.
Rosadito Verdoso se sentó en una cabeza de vaca pa' comer unos higos, pero la vaca se molestó y se fue por otro lado.

La yunta de bueyes venía tirando parejito cuando el durmiente se tranca de punta en la tierra y Desmesuro Zoquete vuela por los aires y el durmiente queda vertical, clavau como un mojón de quebracho marcando el límite de la nada.
La Duvija aplaudió creyendo que era una prueba que se había mandado el hombre.
El tapia Olmedo se le acercó a Desmesuro Zoquete y le dijo, le dice:
Vaso e' vino en una mano, pucho apagado en una oreja, pastito tierno entre los dientes, va y le dijo, le dice:
Lo miró a las vistas primero y va y le dice:
Vea Don, pa' mi eso no puede quedar ahí clavado porque es un peligro, un suponer uno sale de noche por cualquier necesidad o antojo y va y lo pecha y se lo dá en la nuca, y es capáz de quedar seco y sin saber contra qué se pechó.

Si lo pecha, le dijo el otro, es difícil que se lo dé en la nuca, porque se pecha con el pecho, si nó, no se pecha, se cabezea.
Mire que con los durmientes nunca se sabe, le dijo el tapia Olmedo, entrompado porque el otro le había retrucado y el durmiente allí clavado.

Fue cuando intervino Azulejo Verdoso, vea vecino, ese durmiente parado en el medio del campo, lo que está precisando al pie es una tumba, Ud. un suponer y sin ánimo de apresurarle nada, Ud. hoy o mañana espicha y en ese quebracho se le graba su nombre con la fecha, se lo sepulta al pie de lo escrito y es como si no se muriera nunca porque queda en el viento y en la madera.

Al otro le saló el comprador que tenía adentro y se acordó de que como tumba no tenía, y compró. Compró dos metros de tierra por uno de profundo con el durmiente de respaldo, eso si, se fue para las casas un poco triste porque no era una compra que se la pudiera llevar pa' las casas y el tapia Olmedo lo consoló, no sea pavo le dijo, tiene que estar contento, antes no tenía donde caerse muerto y ahora tiene.

Rosadito Verdoso le escribó el epitafio en el durmiente, y decía así: "Murió de tanto comprar, apurado por estrenar"