Rey Mago en dificultades

Hombre que supo tener dificultades con los Reyes Magos, el Nicomedes Pi.
Nunca en los jamases había regalado nada que al otro le sirviera pa' algo.
Al manco Salustio, por un ejemplo, le supo regalar una guitarra.
Al pelau Saldaña le regaló un peine y al sordo Camejo, una radio.
Todo mal Nicomedes.
Pa' la noche de los Reyes Magos, Nicomedes cayó al boliche El resorte. Le estaban dando al vino como por un tanto. Pa' picar, salame y mermelada; haciendo mostrador, en la punta de allá, el gato... En silencio la gente. Como cavilando. Que fue cuando el pardo Santiago dijo:
- a lo menos se podería hablar de gueyes perdidos, no ?
- No - dijo el tape Olmedo - que yo sepa no se ha perdido nenguno.

No se oía más que el vino bajando por las tragaderas.
Al rato dijo Crisantemo Vidal, mamau por unanimidá:
- que embromar con los zapallos.
Y quedó pagando porque nadie le siguió el converse.
Estaban en eso cuando se oyó la voz de Nicomedes que, después de mandarse al buche un vaso de vino, cambiar de pierna y apoyar el costillar contra el mostrador, va y dijo:
- el que supo tener dificultades con los reyes magos fui yo.
- cuáles dificultades? - preguntó Crisantemo Vidal.

- Risulta - arrancó Nicomedes - que andaba de picos pardos con la menor de las Sositas. China querendona, sin dispreciar.
El pardo Santiago, desde un rincón paró la oreja interesado por aquello. El otro siguió contando:
- pa' la noche de los reyes Magos, me intencioné de dejarle algo en las zapatillas sin que se despertara. La cuestión era llegar hasta el rancho, amansar a los perros, y dentrar sin que el viejo se diera cuenta de que le andaba rondando por las casas. Le tenía comprada una barra jabón, un collar de porotos bayos, pa' que le hiciera juego con el cogote si no usaba el jabón, y un paquete de clavos.
- Pa' que los clavos ?
- Nunca están de más en rancho e' pobre.
- Tiene su razón.

- Pa' la medianoche, - prosigió Nicomedes - le puse dos monturas al flete, pa' que a lo oscuro pareciera camello, y me tiré pa' las casas de la muchacha. Noche oscura, sin sol nenguno.
- De noche no se estila el sol - retrucó uno.
- Por eso le digo. Iba ahí yo y en una me sale la perrada.
Fue verme y se salieron al trote con la cola entre las patas, asustados, animalitos e' Dios, porque no tenían visto camello.

- Ése no es bicho e' la zona.
- Por eso le digo. Ahí até el caballo en una mata de pasto y seguí de a pie sin hacer ruido con las espuelas.
- Si usté jamás nunca usó espuela !
- Por eso le digo. Me les gané por el lau de atrás del rancho con cuidado de no tropezar con nada y tantiando prendí un fóforo y lo metí por una ventana pa' ver algo, y van y me lo soplan.
- También usté, prender fóforo !
- Cavilando me dije: No hay mas que la muchacha no quiere que el viejo se despierte y me apaga el fóforo pa' que dentre a oscuras.
Despacito levanté la pata, me agarré del marco de la ventana (que el rancho crujió y medio se ladió) y me fui dejando caer como quien no quiere la cosa.

- Y ?
- Bien contra la ventana, justo donde pisé, en un catre, durmiendo y resoplando estaba el viejo y quise saltar de nuevo pero me agarró de una pata y en aquella oscuridá me ha pegau una soba que desde entonces, pa' mi, los Reyes magos es como si no existieran.
- Y, si estaba tan oscuro, cómo sabe que fue el viejo el que le pegó la soba?
Nicomedes se quedó en silencio, pensativo.
El pardo santiago, en aquel rincón, sacudió la cabeza, se sonrió, le rascó el lomo al gato y pidió otro vaso de vino.