El Conversador
Hombre de pocas palabras, aura que dice, el Ulogio Sublime.
Un hombre que al pasar, a gatas si saludaba con el sombrero o hacía saludar el caballo con un toque de rienda.
Un hombre, y fijesé lo que le digo, que ni estando solo hablaba.
Una noche estaban en el boliche El Resorte el pardo Santiago, el tape Olmedo, la Duvija, Cartulino Vitrola, el mayor, y Saltino Soplete, el mayor y el menor al mismo tiempo porque era hijo único del viejo Soplete, todos jugando ta-te-tí y tomando vino en cantidades industriales, cuando va y llega Ulogio Sublime.

Naides lo conocía.
Como Ulogio no usaba perro, desmontó y entró con el caballo.
Saludó a los presentesmoviendo la cabeza, le hizo una seña al matungo, el animal dió dos o tres gueltas y se echó contra el mostrador, juntito a los pies del Ulogio.

Señaló una botella y le sirvieron una caña. SaltinoSoplete, mamau por unanimidá, se le quedó mirando como pa'l desafío. En una fue y dice:
- O yo me he quedado sordo o aquí no ha entrado naides, porque el hombre humano es bicho saludador, y si no saluda no tiene moral ni un respeto, y ya me estoy calentando también.
Ulogio ni pestañó. Hombre de trago corto y seguido, se pasó el revés de la mano por el bigote ferrugiento de tabaco y volvió a señalar la botella. Saltino medio se le arrimó.

En la mesa de juego se armó un barullo por un ta-te-tí mal hecho, y asigún se dijo era el pardo Santiago que hacía trampa soplando. El lío se cortó con la voz de Saltino que muy molesto porque el recién llegado no saludabani decía palabra, fue y dijo:
- si me permiten, señores, a este tapado yo lo destapo !
La Duvija que se había emocionado con la presencia del forastero y su misterio, no se aguantó y le murmuró cerquita:
- Juya, forastero, juya pa'l monte antes que sea tarde, que yo iré a curarle las heridas de los yaguaretés y a llevarle caña, tabaco y mortadela !

Hubo un silencio. Pa'que ni las moscas se oyeran se posaron toditas. El caballo dejó de tirar tarascones al aire.
Ulogio sacó tabaquera y chala, mojó la chala con la lengua, armó un cigarro, prendió un fósforo sin apuro, se le quedó mirando la llamita, lo arrimó al cigarro y pitó hondo.
Sin más gueltas Saltino agarró una tabla de una barrica vieja y se le vino.

- Con esta tabla, - le dijo - le viá pegar una soba superior, pa'que aprenda lo que es tener una conduta y un respeto con la gente y las mujeres.
Ulogio, pachorriento, cambió la pierna de apoyo, tiró el pucho al suelo, lo apagó con una escupida, se corrió el sombrero pa'atrás con el pulgar, lo miró livianito a Saltino, y va y le dice:
- y que pereza lo demora ?
Al mucho rato, cuando ni las luces del boliche se veían, Ulogio, de a caballo, iba pensando:
Eso me pasa por conversador: Mire usté como me han dejau el lomo !