La sonora carcajada rebotó contra los cerros

Hombre que supo ser asunto para la cuestión de la conquista del opuesto sexo femenino, un tal Estilete Llavero, hijo del viejo Llavero que vivía estornudando porque no era de cerrar la puerta.

Y Estilete vivió rejuntado en segundas veces con Anilina Boquera, que una vuelta se le fue porque él tuvo antojo de darle serenata a una muchacha de por allá, que la conoció una noche que salió de jodinga con unos amigotes y a la mujer, Anilina, no le gustó una nadita y aprovechó para irse con un gauchito que casualmente esa misma noche le fue a dar una serenata a ella, que cuando Estilete volvió encontró una cartita que decía:

"El que quiere a dos mujeres
es que a ninguna la quiere
y el que a serenata mata
a serenata se muere".


Cuando leyó la cartita, Estilete Llavero quedó muy mal del lado interior del alma, y lloró y se arrepintió como dos horas.
Hasta que iba para el boliche El Resorte en bicicleta, con la sana intención de amasijarse contra el sufrido mostrador, cuando va y se le cruza una tal Carótida Palmita, peinada de trenza ella, y fue verla y le vino un ataque de palabras elogiosas y se las dijo al pasar:

"Dejo al amor que me impulse
lo dejo que me convenza
al contemplar esa trenza/
del color del mate dulce"

Ella se paró, lo miró a los ojos, bajó las vistas hasta el manubrio, se le fue con la mirada a los palillos que tenía en los pantalones para no engrasarse con la cadena, le miró el piñón en la rueda trasera, abajó más la mirada y ahí le largó una sonora carcajada.
Retumbó la carcajada, se estiró por los caminos, trepó a lo alto de los ucalitos, de allí los vientos la tiraron contra los cerros, algo ronca la carcajada rebotó en la roca arisca de cardos y cruceras, se repitió casi hecha una queja al caer por un barranco, se refrescó en un hilo de agua pura, se repuso entre los pastos tiernos, y cantarina y limpita entró al boliche El Resorte.

Cuando la vieron tan sonora y divertida, el tape Olmedo dijo que estaba lindo pa salir a ubicarle el origen, y salieron a buscar y seguir huellas y señales, hasta que van y lo ven venir a Estilete de a pie, con la bicicleta de tiro.
Serio venía el hombre, y por eso nadie le dijo nada cuando le vieron las dos ruedas chiquitas que le salían de la trasera, de las que usan los gurises cuando se inician en la legendaria aventura de montar en bicicleta.
- Es un desequilibrado para el equilibrio- comentó alguien.
- Capaz que no lo puede mantener.
- !Con lo que gana, pobre!.
- !Como para pensar en formar una familia!.
En el boliche, la carcajada andaba a los saltitos, y el gato barcino, agazapado, la miraba calculando la distancia.