La mujer, sin intención, le pegó con el ropero
Hombre capacitado para confundir los colores, aura que viene primavera con elecciones y se cuadra, un tal Gracejo Fértil, el casado en segundas veces con Trifulca Módica, que la primera vez la dejó por la segunda.

Gracejo Fértil quedó medio daltónico de las vistas, una vuelta que estaba mirando el arco iris, distraído él, de boca entreabierta por el asombro, como encantado, y va la mujer, y al pasar, lo pechó con un ropero y se le entreveraron los colores.

Ropero en carretilla, llevaba la mujer, que según ella tenían que repararle el espejo de la puerta, porque se le había descompuesto la luna y atrasaba.
Parece que, un suponer, usté se paraba frente al espejo, y la imagen le demoraba tanto en aparecer, que usté tenía tiempo de ir a preparar el mate y volver, y recién entonces se veía, sin mate y recién peinado.
Una noche, en el boliche El Resorte se comentaba el caso del ropero con espejo retardado, y un forastero contaba que una mujer se le había ido una madrugada por un espejo de pensión, que él había abierto el ropero pero del otro lado del espejo había nada más que unas perchas viejas, ninguna parecida a la mujer, y que se durmió y a la mañana el espejo estaba rajado, y en la rajadura había enganchado un pedazo del camisón que usaba la mujer, y cuando iba a contar que la mujer le regresó por un espejo de paré que había en el baño, va y cae Gracejo Fértil con el problema de los colores. Al verlo, alguien comentó:

-Ta complicáu el hombre, porque se le vienen las elecciones y se le entreveran los colores blancos, colorados y frentistas y no los distingue bien pa mantener las diferencias.
-¡A cualquiera se la doy!
Un lío con los colores, que le sirvieron un vaso de vino tinto, lo miró, y sin tocarlo dijo que no era hora pa estar tomando leche.
La Duvija le arrimó un quesito duro, y Gracejo fue y le dijo medio salamero, por lo salame.
-Se le agradece, rubia.
La Duvija quedó tan emocionada al escuchar que le decían "rubia", que no pudo con su genio, y le picó otro pedacito de queso duro.

Gracejo Fértil era la envidia del pago, porque todo el mundo veía que la cosa se ponía negra, y él la pasaba lo más pancho porque la veía clarita.
Andá a saber.