Uno en bote

El que supo tener problema con un bote fue un tal Rataplán Sinplán, que la mujer le pidió que le comprara un lavarropa y él la levó a vivir junto a un arroyo porque el lavarropa tiene el peligro de la corriente, y el arroyo si no crece, no. Y una mañana fue la mujer y le dijo:
- Che marido - le dijo - taba viendo que vivimo frente al arroyo pero no tenemo bote.
Es una vergüenza no tener bote, porque si viene visita y dice "tá lindo pa cruzar el arroyo en bote", una tiene que agachar las vistas y hablar de otra cosa porque no tiene ni un miserable bote pa cruzar el arroyo en bote.
Si tuvieras dos dedos de frente por uno de fondo, salías a conseguir bote.
Y el hombre salió a conseguir bote.
Cuando llegó al boliche El Resorte, taban tomando unos vinitos con gofio la Duvija, el tape Olmedo, Vetusto Patán, Azafrán Penoso, Azulejo Verdoso, el pardo Santiago y un agrimensor que se había perdido en el campo cuando una vaca le pateó el teodolito.
Taban en eso cuando dentró Rataplán.
Dentró, saludó, se acodó, pidió un vino y contó todito lo que le pasaba con la mujer, con el arroyo y con el bote que no tenía.
El pardo Santiago opinó que si la mujer quería cruzar el arroyo, lo mejor era que la empujara atada a una cuerda, pero Rosadito Verdoso dijo que si la mujer era tan cargosa lo mejor era empujarla sin cuerda.
Que con cuerda, que sin cuerda el tape Olmedo llamó a Azulejo Verdoso en un aparte y fue y le dijo:
- Vea don azulejo - le dijo - , usté tiene fama de inventor y aquí tenemo un hombre con un problema y sin un bote.
O le decimo que haga cruzar a la mujer de un sopapo, o le inventamo un bote pa que le haga el gusto. Usté sabrá.

Azulejo Verdoso estuvo cavilando un rato, dispués agarró un hacha y se fue rumbo al monte.
Se pasó la noche trabajando la madera con formones y escofinas, y pal otro día tenía un bote que era una preciosidá de bote.
Hasta nombre le pinjtó a un costau :
"Bagre viejo", le puso.
Dispués los llamó a todos pa que lo vieran, y se quedaron de bocas abiertas mirándolo al bote.
Con cuatro hachazos mas hizo un par de remos pal bote que eran un lujo, y todos se los ponderaron.

El que no decía nada era el tape Olmedo.
Se paseaba alrededor del bote con su vasito de vino en la mano y lo miraba serio.
Por ahí se vé que no aguantó mas, lo llamó al Azulejo Verdoso y le preguntó:
- Dígame, don Azulejo - le dijo - de que madera es ese bote?
- Quebracho, por...?
El tape dijo que prefería no estar presente cuando lo acharan al agua y se fue pal boliche chiflando bajito.
Pa llevar el bote hasta la orilla del arroyo le fueron poniendo unos rodillos de madera abajo, y dale empujar.
La Duvija dijo que antes de mojarlo con agua había que bautizarlo.
Rosadito Verdoso le reventó un par de higos en la proa y se lo dio por bautizado al bote.

Cuando lo empujaron al agua fueron los aplausos.
Cuando se iba hundiendo fueron los silencios.
Rataplán no le quiso ni decir a la mujer lo que había pasau, y la llevó a cuentos hasta el verano.
Entonces aprovechaba la bajante y la cruzaba en brazos.
Ella, loca de contenta, se enamoró hasta las muelas, por que le parecía de lo mas romántico, y porque el marido rara vez la dejaba caer de lomo entre las piedras.