Bolivianos fuera de La Paz, no pesan y flotan mucho

Diametral Opuesto supo llegar por el boliche El Resorte con los primeros días de un otoño que se empezaba a deshojar como una margarita en manos de una novia que no sabe si la quieren mucho, poquito, o nada.
Dentró reculando, Diametral, y reculando llegó hasta el mostrador, y en el mostrador colocó un codo y apoyó la espalda, y quedó que usté lo veía y era como si hiciera tiempo que estaba allí, acodado y mirando pa fuera.

Como si viniera al caso, como si ése fuera el tema que se trataba, como si alguien tuviera interés en el asunto, y sin haber saludado, comentó sin dejar de mirar los campos que habían puerta afuera, tirados a lo largo y a lo ancho del paisaje, dijo:
-Habría que dividir la laguna y el bañado en zona de fumadores y no fumadores, porque hay sapos que no fuman y no tienen por qué soportarle el humo a cualquier batracio vicioso.
El tape Olmedo se quitó el pucho apagau de la oreja, le rascó la ceniza fría y reseca con una uña, lo prendió y le pegó una pitada que lo consumió de un saque.

Diametral Opuesto, como si una cosa tuviera que ver con la otra, como si no hubiera nada mejor en qué pensar, como si los demás estuvieran interesados, y sin saludar, agregó:
-Lo que mató a la Selección de fóbal, fue jugar con Bolivia en lo bajo, porque el boliviano sin altura, flota mucho y se le va.
Rosadito Verdoso echó mano a la cintura, sacó una bolsa de higos madurados al calor de la cadera, eligió un par de los más gorditos, y se puso a barajarlos de una mano a la otra, como bobiando.
Diametral Opuesto, como si alguien hubiera dicho algo, como si le hubieran cambiado el tema, como si todos estuvieran interesados, y sin saludar, opinó:
-Este país tendría que ser todo un solo departamento, porque tener diecinueve intendentes pa cuatro gatos que somos, es algo que no tiene gollete.

El gato barcino se desperezó a lo largo, como si se quisiera estirar, y se fue a echar en la otra punta del mostrador. Diametral Opuesto, como si Rosadito Verdoso no le estuviera tomando puntería, como si la Duvija no hubiera empuñado la cuchilla de cortar la mortadela, como si los demás tuvieran que estar acostumbrados, hizo ademanes con los brazos pa fuera como si pasara algún conocido, y así como llegó, sin saludar, se fue.<