MOMO, DIOS MIO

Hombre que supo ser asunto muy serio pa' los carnavales, Betulín Precario el casau con Semanaria Cocosa, que se conocieron en un baile cuando ella bostezó y el le encajó un puñado de papelito y la tupió.
Que hubo que colgarla de los pieses y golpearle la espalda para destaponarla, y con todo, a la semana, cuando estornudaba era una fiesta de todos los colores.
Baile y pico !
De cerveza y clericó pa' abajo, lo que quisiera.

Un clericó con espumante que el tape Olmedo se mandó un trago con el cucharón, y se pasó la noche haciendo globitos.
Baile de disfraz.
Muy diablo el tape se había disfrazau de silla.
Cuando se le quería sentar una vieja se le salía.
Si era moza se hacía el blandito, pa' que se le apoltronara, y dispué le hablaba a la oreja.
Cada grito pegaban aquellas chinas, que era una jarana completa.

La Duvija, de dama antigua, era cosa hermosa de ver.
Collar hecho con bolita de naftalina, que usté se le acercaba y era una bruta antiguedá por el jedor a viejo.
Sombrero tipo capelina, que se lo hizo con cáscara de sandía rebajada finita y pintada a lunares.
Como no tenía guantes blancos, se pintó las manos con albayalde, y alla andaba la pobre de manos duras como estatua.
Zapato de taco alto consiguió uno solo, así que dos por tres quedaba como la garza en el bañado, en una sola pata. Que el tape Olmedo, de cuando en cuando, pa' que descansara le acercaba un ladrillo al disimulo, cosa que apoyara la pata de taco bajo.
De lo más baquiana pa' bailar.
Con las patas desparejas, era un lujo como se hamacaba pa' la lambada.

Rosadito Verdoso llegó disfrazado de persona que se tiene que ir, y se pasó la noche saliendo. Tan bien estaba, que uste lo veía, y era clavau un hombre que se tenía que ir.
Azulejo verdoso cayó disfrazau de ruido y era un escándalo de barullo que no dejaba escuchar nada.

Pero loco por el carnaval, el Betito Precario.
Una noche anterior al baile, cayó por el boliche El Resorte pa' buscar integrantes pa' murga.
Llegó, se acodó, pidiú una cañita, y fue dijo:
Ando intensionau de sacar murga, y quisiera saber si algún afónico de los presentes esta capacitau pa' las bacanalaes.
Ahí el barcino se corrió pa' la otra punta del mostrador, la Duvija siguió picando un queso duro con el hacha y mientras los demás seguían en nada, el tape Olmedo, fue y se le acercó y va y le dijo:
Vea Don Vecino, aquí el que canta menos, le hace pasar verguenza al canario flauta, así que vaya viendo.

Yo andaría presisando un par de primos.
Primos no, pero cuñados tengo dos.
Y de segundos como andamo ?
Los segundos son de primera.
Y pa' los platillos ?
No somos de pasar el platillo.
Interesado Betito mandó servir la vuelta completa y hasta el gato se apuntó.

Dentraron a barajar nombres para la murga y Rosadito Verdoso dijo de ponerle "la mugrienta", cosa de no tener que estar lavando los vestuarios, pero la Duvija dijo que no señor, que si era murga podría ser "la mugrienta" pero que le cuadraba mejor "la romántica del Resorte".
Un forastero dijo lo suyo desde un rincón, era un hombre de lente, de barbita medio en punta, medio atildado el hombre y con libro bajo el sobaco y fue y dijo:
Para mi debería llamarse "Araca Lacán".
Hubo un silencio.
El tape lo rompió para decir que aquel forastero era un peligro en el boliche, porque se sabía que estaba para el análisis y capaz que le daba por meterle microscopio al vino y hacerle mala fama.

Taban en eso cuando cayó el pardo Santiago.
Cuando se enteró de la murga, dijo que lo que había que hacer era sacar negro lobolo, porque son de alpargata y escobita y la Duvija podía ser la Rosa Luna del Resorte.
Mala la Duvija ! Dijo que ella no tenía nada en contra, pero no estaba pa' ponerse a sacar pecho en los estadios y menos con las televisones que le agarran todo y en colores.
El tape fue el que le dijo al pardo:
Vea pardo - le dijo - pa' sacar negro lubolo, lo primero que se necesita es negro.
Y aquí, respetando su tonalida subidita y la mía que no es poca, pa' negro viene faltando una punta e' grados.

Vino vá, cañita viene, Betulín quiso probar algunas voces en la retirada de los Asaltantes del 32, les marcó rumbo, les dió un poquito de letra, y les dijo Tré!
Eran ocho y se escucharon como quince voces desencontradas.
La tercera palabra era "cordial", y le entraron tan fiero que fue el desbande de las arañas por los rincones, el barcino arqueó el lomo pegando unos bufidos y en el medio de la noche se escucharon los chistidos de las lechuzas espantadas.

Betulín dijo que la murga se tenía que llamar "la muda" y no se habló más del asunto.
Alguien destapó otra damajuana.
La Duvija se durmió en una silla y se soñó entre bombitas de colores, plumas en la cabeza y todos los forasteros que habían pasado por el boliche, bailando y haciéndole rueda con los tambores.
En la punta de acá del mostrador, el barcino dormitaba inquieto.
Los demas seguían trago y trago tratando de recordar aquella otra retirada, aquella que decía...