UN ASUNTO CONFUSO

Hombre que supo ser asunto para meterse en líos de polleras, ahora que dijo, Maloliente Pingajo, el casado con Sopaboba Tetera, la menor de las Tetera que era hija única pero ella gustaba decir que tenía una hermana igualita, cosa de sacar fiado en el almacén y echarle la culpa a la otra, que la otra no iba nunca para que no descubrieran que era una sola.
Maloliente y Sopaboba se conocieron cuando el viejo le hizo una fiesta a la hija pa festejare los quince.
- Los quince años.
- Los quince novios, porque la muchacha le había salido media liberal para el tratamiento de seso masculino. Que a ella le encantaba que los hombres le arrastraran el ala, y hubo uno que casi se mata.
- Por amor.
- Por avión. Era un piloto de aeroplano de fumigar, y para llamarle la atención se la quiso arrastrar en un vuelo rasante, y con un ala le llevó el techo del rancho con un nido de hornero que tenía en la cumbrera.Sin huevos ni pichones, el nido, pero fue cosa de lamentar y hubo gente del Polonio y de Valizas que se movilizaron contra el avión topador.
- Nido es nido.

- Sabido es que cuando el hombre se enamora se pone medio abombau, así que el piloto intentó repetir el saludo con el aeroplano, pero el viejo Tetera lo vio venir y lo quiso bajar a tiros con la escopeta, que no pudo porque al disparar le pegó una patada.
- La escopeta.
- No, la hija, que justo esa mañana andaba descalza como siempre, y le dio en la canilla con el dedo gordo del pie derecho, y hubo que enyesar por doble fractura familiar de canilla vieja y dedo gordo tiernito. En un solo grito, el viejo, porque era hombre de pocas palabras. El que llegó con la noticia al boliche El Resorte fue un tal Decretado Tilín, que al cuñado dos por tres lo llevaban preso porque tenía la manía de robar el chico en las canchas de bochas, y llegó Decretado y contó lo de la canilla del viejo. El caso se comentó media damajuanita de tinto de la casa, y la Duvija opinó que decretado Tilín no era hombre de confianza para creerle, porque ya una vez se había quedado con una carretilla que le había prestado Octoedro Bañito, que el otro se la pidió con el cuento de que quería sacar a la mujer a dar una vuelta, y resulta que después se supo que la mujer se le había ido dos días antes con el boletero de un circo venezolano que andaba de paso. Ahí salieron para ver de averiguar si era cierto lo del viejo quebrado, y resultó que sí, que era cierto, y fueron y hablaron con el negro Catanga, que era enyesador profesional. Un hombre que tanto le hacia un florero de yeso como le preparaba un puchero a la española sin yeso. Tan cumplidor para los trabajos, que con tal de curar a un quebrado, cuando le faltaba yeso le ponía hormigón, que no luce tanto pero si uno gusta seguir usando le dura toda la vida, porque además no lo pica la polilla. - Lo que tiene de bueno la polilla es que al hormigón no se le atreve.

- Pero resulta que justo ese día el negro Catanga no estaba, y tuvo que echar mano Azulejo Verdoso, y fue y lo enyesó con barro de tierra colorada que hizo traer de Rivera y después le dio una mano de cal y al viejo le quedó una pata blanca y todos le firmaban y le escribían cosas de relajo.
- Es una costumbre que hay con los enyesados.
- Pero no sé a qué venía todo esto. ¿En qué estaba yo?.

- No tiene importancia.